5.Mar.2019

 

El origen geográfico de ciertas piedras preciosas influye notablemente sobre su precio. Algunos rubíes de Mogok (Birmania), zafiros de Cachemira, zafiros padparadscha de Sri Lanka o esmeraldas colombianas, entre otras gemas, suelen alcanzar precios más elevados si puede probarse el lugar de procedencia. Pero, ¿es solo una diferencia artificial del precio impuesta por hábiles estrategias comerciales?

 

Hay quien no encuentra razonable que, por ejemplo, un rubí de igual calidad a otro procedente de Mogok sea más caro, ya que se debería pagar más por una gema en función de su belleza y no por una apreciación artificial impuesta por el comercio establecido. A primera vista puede parecer que este punto de vista es indiscutible, pero cabe considerar algunos aspectos del tema que pueden cuestionar dicha afirmación.

 

En primer lugar, ¿es solo la belleza lo que hace valiosa una gema? Es claro que no, algunas gemas sintéticas o tratadas son tan bonitas o más que las naturales y, sin embargo, no son tan apreciadas. Pongamos un ejemplo, muchos zafiros tratados por difusión son más bonitos que otros naturales y, sin embargo, son menos valorados.

 

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