2.Jul.2017
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¿Cuál es el juguete favorito en el patio del colegio? ¡Correcto! El fidget spinner ha llegado, de nuevo, para revolucionar los juegos infantiles (y no tan infantiles). Se trata de un sencillo juguete, que promete incrementar la concentración de los más pequeños, así como potenciar la relajación.

Como siempre ocurre con estas cosas, las marcas de lujo no se han hecho de rogar y ya es posible comprar uno de estos spinner por más de 90.000 euros. La hazaña es cosa del diseñador Steve Raffner, quien suele crear piezas de lujo basadas en objetos cotidianos y sencillos. Su proyecto, conocido como Octobrachia, así lo demuestra.

El spinner de lujo está creado a partir de una base de oro blanco de 18 quilates y cuenta con más de 95 diamantes incrustados en sus aspas. El nombre que Raffner le ha dado a este lujoso juguete es Spinget Luxury.

El primer fidget spinner

Mucho se ha hablado sobre este juguete y su invención. Todo parece apuntar a que fue una mujer norteamericana de 62 años la que diseñó, por primera vez, un spinner. Catherine Hettinger, que padecía miastenia, no podía jugar con su hija a juegos convencionales por sus graves dolores musculares. Así fue como, en 1993, desarrolló el primer fidget spinner.

El problema surgió en el año 2005, cuando Hettinger perdió la patente del alabado juego. Al parecer, no tenía el dinero para seguir pagando las tasas de patente. Esto ha hecho que no haya recibido ningún beneficio tras la extrema popularidad del juguete que tiene enganchados a niños y adultos.

El funcionamiento de cualquier spinner es sencillo. Simplemente hay que hacerlo girar sobre sí mismo. YouTube se ha convertido en un hervidero de vídeos de nuevos usos para estos juguetes, que los hemos podido ver girar en superficies muy variadas.

Ahora, al mundo de los spinner hay que sumar la versión más lujosa. Eso sí, la misma casa ha lanzado un fidget spinner mucho más asequible, que recurre al latón como material principal. Este último se puede adquirir por unos 75 euros.

Puede leer el original en eleconomista.es

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